Tilcara

Pagamos por la vista nocturna llena de estrellas.
Pagamos por acostarnos y ver por la ventana el cielo negro salpicado de puntitos blancos de neón.
Pagamos pero el vidrio está sucio y las lámparas de los vecinos prendidas.

Llevo la almohada hasta los pies de la cama y me quedo corta así que llevo también la almohada de Juan y ahora, elevada, encorvada, con la espalda torcida y el cuello que me va a doler mañana veo por fin, doblando la cabeza a la izquierda, una estrella enorme por la ventana lateral.

No sé si titila o si yo pestañeo muy rápido.
No sé si se apaga de golpe a cada segundo y se enciende al ritmo del latido de mi corazón caminando a 4500 metros de altura.
No sé si está muerta y la distancia me la muestra aún viva.

Volar

El avión despega, en silencio, las luces apagadas, es de noche, subo la ventanilla y es lo que más disfruto mientras me alejo del suelo, de la seguridad del suelo, de lo conocido, de lo transitado, de lo que no puedo escapar para siempre. Entonces, decía, subo la ventanilla y miro, cada punto de luz que se achica para mezclarse con otros y como lentejuelas del traje de un murguero unidos dan forma a lo que sea, a algo. Juego, adivino, van mutando y juego de nuevo. Me divierto por lo exiguo del momento, dura a penas unos minutos hasta que se funde todo en un negro profundo que, a veces, como si fuera magia, se empieza a salpicar de estrellas.

A tu medida

Como si me hubiese convertido en su mujer antes de que sea mi marido. Como si no pudiese ser su amante además de la madre de sus hijos.
Conmigo la responsabilidad. Conmigo el deber ser, la necesidad. Conmigo la vida, la luz del día, el té. Conmigo la actitud recta, el equilibro. De ciertas cosas mejor no hablar, conmigo.
Conmigo hacer el novio, pasear el perro, dormir temprano y separados.

Como si me tragara el vidrio, como si no entendiera, como si fuese tonta, como si fuera ciega.

Como si el amor no fuera eso que te voltea la cabeza, que te la da vuelta, que te la hace mierda.
Como si el amor fuera la medida justa, la tranquilidad eterna, reafirmar todo el tiempo lo que hacen, repetir todo el tiempo lo que dicen.

Doble ve de cuarenta

Persianas levantadas, puertas de vidrio, marcos de hierro y ROTISERIA escrito en rojo en la ventana de la izquierda. Lo de Juan se lee abajo en negro. Desde la calle pueden verse algunas mesas de caño y melanina con servilleteros de metal de esos que tienen servilletas que no secan, ni absorben, ni limpian y que tampoco sirven para escribir números de teléfonos porque la tinta resbala.

Lucía está sentada contra la ventana de la derecha en la única silla que da a la calle. Pidió un cortado y hace que lee el diario pero no lee, nunca lee, nadie lee. En cambio, piensa, imagina, delira con cosas que no pasaron pero que podrían haber sido si por hache o por be Zeta no hubiese hecho equis cosa.  Trama historias que no fueron al punto tal de perderse entre la realidad y su fantasía y entonces, no me ve. 


Al principio le hago señas sin recibir señas de vuelta pero no es hasta que me acerco unos metros que reconozco su cara, esa cara de ida, yo le digo que es de soñadora pero no lo soporta, menos que le diga que está en la luna de Valencia, así que le digo cara de ida. Cara que no veo hasta estar cerquita porque me aumentó la miopía pero no llegué a actualizar los anteojos; tampoco creo que llegue, no este mes, ni el que viene.


Me gusta mirarla así, desde lejos, sin que me vea, pensando en qué piensa, con los ojos fijos pero a la deriva como si estuviese viendo una película de un cine invisible para el resto del mundo. A veces espero a que me mire, a que reaccione, no quiero interrumpirla, es como despertar de un sueño a alguien, como cortarle la explicación de una buena idea o pedirle que te explique un chiste.  


Más que un juego, esperarla, para mí, es un ejercicio; pongo a prueba mi ansiedad, mi necesidad de decir sin saber si el otro quiere escuchar. Freno, respiro, encuentro algo de tranquilidad en su quietud distante y sé que es la mejor manera de abordarnos, de poder hablar.  


Cuento hasta cien y camino hasta la ventana donde ya a esta hora pegan los últimos calores del sol de otoño. Y entonces, veo como Lucía deja su mundo y se conecta con otro, este, donde el chirrido de metal de una puerta sin doble ve de cuarenta anuncia una entrada al bar, la mía.

Gonnet, Manuel B.

A la tarde, después del almuerzo, me llevaron por primera vez a la República de los Niños, un parque temático y educativo construido por Evita y Juan Perón en los años cincuenta cuando El General Perón gobernaba el país y sancionaba una nueva constitución y ampliaba los derechos sociales y construía una casa cada ocho horas y cuando nacía un nene o una nena le mandaba una carta para decirle que tenía asegurada la educación y la salud.
Al final del día, después de pedir un deseo en la fuente -que se cumplió porque Perón cumple- después de entrar al museo de muñecas, de subir al tren fantasma y a la calesita, de ir a los autitos chocadores, de sacar fotos, de ver el atardecer, de comer panchos y pochoclos y garrapiñadas y gaseosas, para cuando estábamos listos para dar por terminado el paseo, nos sentamos en el piso de una cancha y miramos un rato las estrellas. 
De lejos llegaba el sonido de los juegos mecánicos iluminados y parecía una feria de esas que vemos en las películas de afuera con los puestos de kermes para tirar cosas dispuestas en estantes y ganarte osos de peluche enormes y comprar algodones de azúcar y comer helados de colores y subirse en vestido a la rueda de la fortuna y que se quede arriba y que el chico que te gusta te de un beso y que los de abajo aplaudan.

Hablemos sin saber. Hoy: El amor y las redes sociales, una aproximación psi

EL DUELO
Tu ex a un click


Con las nuevas tecnologías tenemos todo al alcance de nuestras manos, más aún si están cerca del mouse. En la red encontramos todo, hasta lo que no queremos ni ver o, lo que es peor, queremos ver aún sabiendo que no nos hace bien. Ahí está, el mundo, al apretar y soltar un botón.


Medio siglo atrás Freud escribió una vasta bibliografía sobre sus teorías psicoanalíticas. Allí problematizó la relación del sujeto con sí mismo y con el mundo. El mundo, que es amplio, hoy también incluye un submundo: la web 2.0. Con la aparición de nuevas tecnologías, que con el tiempo pasan a ser viejas, aparecen nuevos fenómenos pasibles de ser estudiados, tanto a nivel individual como social. Las redes sociales son un ejemplo de tecnologías innovadoras que producen nuevas prácticas.

Hace menos de diez años, si uno cortaba una relación lo más probable era que, a menos que se animara a levantar un tubo, discar, esperar el pulso, no cortar (por cobardía o cansancio) y finalmente encontrar del otro lado del teléfono a esa persona que hasta hace poco era "su amor"; nunca más volviera a saber de la existencia de su ex. Hoy, por mucho esfuerzo que alguien pueda poner para realizar un duelo a la distancia y concluirlo recanalizando las energías libidinosas antes puestas en su objeto, lograrlo tiene un condimento extra.

Si lo tenés en Facebook a tu ex, a su familia, a sus amigos, podés eliminarlos, bloquearlos. Eso sería una opción. Si lo seguís en twitter podés hacer todo eso, lo que no implica que por un retweet te llegue algo que no querías leer. Pero, ¿qué pasa con esa persona que se moría de ganas de levantar el teléfono pero que cortaba antes de ser atendido por miedo al otro? Bueno, ahora, uno no tiene ni que discar, apretando un solo botón llega al otro, lo ve, o ve lo que el otro le deja ver, pero la presencia del objeto en las redes es, está. Además, el otro al que estamos mirando, nunca se entera de ese click para espiarlo o, como se dice ahora, stakearlo, seguir sus movimientos. El anonimato de las redes y la facilidad de tener todo adelante, rápido y sin esfuerzo, nos hace caer de manera constante en la tentación de volver sobre el objeto y no nos deja darle un nuevo rumbo a nuestra libido.

Hablemos sin saber. Hoy: La problemática del diseño, del programa al proyecto


“La producción en Diseño supone dos momentos distintos: el momento del programa de diseño y aquel que lleva el programa a la práctica”[1]. Es decir, los momentos del pensamiento a la forma y, para eso, hay que tener cierto dominio. Según Savransky “No se consigue el dominio de la forma mediante un proceso informativo ni de carácter teórico sino de carácter eminentemente práctico (…) con la liberación de la capacidad expresiva de modo que la mano eduque la visión y la visión a la mano.”[2] De modo que, lo que interviene es el cuerpo, un cuerpo que es, tanto para Merleau Ponty como para Bourdieu, centro de las prácticas.


Para el filósofo francés el cuerpo como esquema corporal es un sistema práctico en el cual los órganos están envueltos unos en otros formando una totalidad más completa. Es un cuerpo vivo que habita el aquí y ahora en un tiempo-espacio; instituye el sentido en la actualidad. El pasado para Merleau Ponty se hace en el presente como disponibilidad de lo posible, el sujeto lo recrea en cada experiencia, es donde toma sentido pero no determina las prácticas de la situación. El momento presente contiene en su interior el pasado inmediato y por eso hay una capacidad de anticipar el futuro y de hacer algo espontáneo por habituado. Así, para este autor, no hay determinación del programa en el proyecto, sí hay disponibilidades a las que recurre el cuerpo en tanto interiorizaciones de sentidos posibles y sí hay una intención que emerge en el acto del habla y posibilita la invención.

Para Bourdieu, en cambio, las disposiciones adquiridas históricamente condicionan las prácticas y por ende el pasaje al proyecto, donde no hay creación originaria, algo que sí es posible desde la perspectiva de Merleau Ponty en tanto los actos pasados solo son un piso para actuar. El sociólogo, al plantear una práctica como condicionada excluye la posibilidad de creación poiética exnihilo y, a la vez, considera que las prácticas tienden a la reproducción de lo ya existente, pero de una forma sistemática, no mecanicista. Esta reproducción tiene un cierto grado de libertad pero delimitada por el habitus cuya eficiencia reside en su carácter inconsciente. El concepto de habitus da cuenta de cómo el agente como miembro de una clase, perteneciente a un campo, tiene una estructura interiorizada en el cuerpo que opera más allá de la propia voluntad, que es estructurante. Este concepto “permite producir un número infinito de prácticas (…) pero limitadas en su diversidad”[3], es una limitación, mientras que el habito, concepto de Merleau Ponty, es una regularidad que permite crear algo nuevo pero no una norma que regule de manera absoluta la práctica de los cuerpos. Esta regularidad  es una construcción práctica, es una relación entre percepción y motricidad.

En Merleau Ponty la capacidad de innovación es posible en tanto el cuerpo, hacedor de las prácticas, tiene un carácter dinámico y posibilita plantear respuestas inéditas a situaciones nuevas. A la vez, el esquema corporal tiene la capacidad de sedimentación de un sentido (sin necesidad de representarlo) generador de un hábito que, al contrario de definir, potencia la capacidad innovadora.

Así, para cuando para Bourdieu hay un agente (cuerpo objeto) que tiende a repetir prácticasy reproducirlas, para Merleau Ponty hay un sujeto, que es más que una mente, es un sujeto-cuerpo que es lo que puede hacer, creador e instituyente, un “yo puedo”.

No quiera la virgen

La sombra del eucaliptus a las tres de la tarde era el mejor lugar  para dormir la siesta después del almuerzo y antes de ir a la pileta; porque no nos dejaban ir a la pileta o al sol a penas terminábamos de comer, había que esperar, había que hacer la digestión, decían. De día la quinta estaba llena de gente, venían las amigas de mamá con sus hijas, el vecino con sus amigos y hasta mis cuatro abuelos que hacían todo el viaje desde la Capital para vernos. Pero a la noche se iban todos. Quedábamos mi hermana menor y yo con mis padres en una casa para doce personas con un parque enorme adelante y un fondo de media manzana.
En nuestro cuarto había dos camas cuchetas, en ese momento el techo de la habitación me parecía altísimo y hasta podía pararme en la cama de arriba sin tocarlo. Aunque no lo hacía seguido porque las camas de arriba eran de mis hermanas mayores y les molestaba que jugáramos a tocar el techo y, a pesar de que ya no iban a la quinta,me había quedado la costumbre de no hacerlo.  Con mi hermana menor dormíamos en las camas de abajo de cada cucheta. Nos separaban veinte pasos. Si ella se dormía antes me tocaba a mí apagar la luz del escritorio que mamá dejaba un rato para que no nos diera miedo la oscuridad.

Vos

Calle. Perro. Barba. Rompevientos.
Me mira.
Puerta de madera. Cielo. Traffic. 
Lo miro.
Esquina. Flor. Superchino. La mano.
Su mano.
Balcón. Helado. Viento. Timbre y sonrío.

Una farmacia del 74. 1974
El pasaje San Mateo.
Mi tapado rojo.
Un chasquido de dedos
El beso.

La plaza donde nos vimos.
El olor a pasto depués de una lluvia de verano.
Tu perfume de tabaco
Y el perfume del tabaco, a ciruelas.
Y a whisky y a seco.

Tus miedos empañando mi ventana.
Y mi boca como un puente que atraviesa la ciudad.

Te sueño.
Me caigo.
Y vuelo.


Principio

Papá tiene custodia compartida con mamá así que sólo lo veo los sábados. Me pasa a buscar a la mañana, toca el timbre y me espera en la puerta del edificio donde vivimos con mamá. El departamento es en el segundo piso así que yo bajo las escaleras a las corridas y le grito a Petrus, el portero, que abra.  

Con papá nos abrazamos, nos subimos al auto y empezamos la rutina. Primero vamos al cementerio a llevarle flores al abuelo que lo mató un gitano en medio de una confusión; “le dejaron un agujero en el pecho” escuché alguna vez de un mayor de la familia. Fue un dolor enorme, me tomó por sorpresa, me dice papá cada vez que llegamos a la tumba. Y yo, para no ponerme triste, tarareo alguna musiquita mientras juego con las hormigas de la tierra que se pasean entre los muertos. 

Las visitas

En un caserón de Villa Devoto, un hombre en minishort toma sol en el piso de baldosas que rodea a una piscina; Susana, con gafas un poco grandes para su cara, traje de baño enterizo negro y marrón, le pide a Mirta, la muchacha que limpia, otra limonada, pero esta vez con mucho hielo, y que levante a Laura que estas ya no son horas de dormir, que pronto llegan las visitas. Cuando Mirta le trae el jugo, Susana se incorpora de la reposera, se pasa el vaso helado por la frente y lo baja hasta la boca para beber; entonces suena el timbre y Susana pide su capelina, alcanza el pareo que está en una silla contigua y le dice a Sergio, el hombre en mini short, que no es el padre de Laura pero actúa como tal, que se ponga algo decente y se seque porque llegaron las visitas, que cómo los va a recibir así transpirado y semidesnudo. Sergio se tira de cabeza a la pileta, hace un largo hasta el otro extremo, sale por las escaleras, toma una toalla de una de las reposeras y se dirige a la casa.

En la vereda hay un auto estacionado; dentro, en el asiento trasero derecho, una mujer con abanico, gafas de sol, flequillo y el pelo recogido en un rodete le indica a Alberto, su marido, que se comporte, que este almuerzo es importante para ella, que no haga ninguna payasada y que ni se le ocurra aceptar algo con alcohol. Alberto frunce los labios, mira por la ventana izquierda del auto y le hace una seña al chofer, firme junto a la puerta del caserón, para saber si respondieron al timbre; sí señor, le dice el chofer y a continuación regresa al auto; se abren las rejas automáticas, y luego el chofer maneja hasta la entrada de la casa. Allí Graciela baja con su bolso y Alberto con una caja en donde está la torta que traen de postre.

faso prendido en tu boca de domingo. un domingo de invierno en la vereda. te veo desde el 60 en un semaforo de las heras. me bajo y camino con los ojos fijos en tu humo que ahora es mio. y ya soy faso prendido en tu boca de domingo. 
tô tentando te esquecer. é mais facil pedir pra vc voltar e me levar longe. nao. é preciso te esquecer.

Entre Carranza y Retiro- Ejercicio del taller de escritura 2008

Viole tiene ese manía, canta en voz alta y no se da cuenta hasta que la interrumpen “… que mareo que ruina, y por culpa de quién, del amor de una mina…” - ¿Puedo sentarme?- Era Santi. Viole no lo había sentido. –En Carranza sube Martín, pero si querés sentate- Santi ya estaba sentado antes del pero, le importaba poco que subiera su primo en la estación que sea. – ¿Ahora te gusta Sabina? No te la puedo. ¿Y cambiaste la guitarra por un mani con música?- esa maldita costumbre del reproche le ganó a Viole, como nos gana a todas alguna vez. Santi se sacó los auriculares y los enrolló al Mp3. Esperaba que Viole hiciera lo mismo pero ella un poco a propósito y sin darse cuenta estaba tarareando Mariposa Tecnicolor con los headphones en los hombros. – ah, ¿está muy fuerte? No sé usar muy bien estas cosas. Se lo olvidó Lu en casa. - Violeta sabía quién era “Lu”, bah, un amor de cama seguro. Aparecían como estando en una “relación abierta” en el facebook y ella lo había etiquetado como en diez fotos ya –para la dama y el caballero, por solamente dos pesitos nada más. Aguja para colchón- bruja para colchón pensó Violeta enseguida -¿Lucila, la hermana de Mary?- Santi le dijo que si, y como hacen los hombres jugó a hacerse el misterioso o el soltero y cambió de tema. Empezó a hablar del nuevo libro de Dan Brown porque sabe que Viole no se lo banca. – Uh Santiago ¡que hincha que sos con ese tipo! Ya te dije, me chupa que sea o no sea ficción- y le hizo un puchero que a más de uno le hubiera dado ganas de partirle la boca en dos. Ahora era Viole la que esquivaba el momento. – ¿Qué hacés en el tren? – Cuasi monosilábico, como estaba desde que Violeta había vuelto con Martín, no cambió su estilo para responderle - Viajo- Desenrolló los cables y se encerró en “su” música. No había corrido ni una canción entera, pero el tren tardó mucho en Belgrano. A pesar de que para Violeta ese -el tren- era su lugar, donde podía pensar, crear, en ese momento no podía, algo estaba captando su atención como pocas veces. Santi tenía una mariposa en el hombro, -y le queda tan bien-. Quiso prenderse un cigarrillo, se acordó de la vez que Julia, la femme fatale del grupo de secundaria, le dijo que no hay nada más sexy que una mujer fumando. Se acordó también de su alergia y se rió sola buscando complicidad. No la encontró. Santi estaba en otra. La mariposa seguía donde siempre, aunque Viole la sentía en otro lado. A penas se movía en el hombro extenso y alto de Santiago, y corría de la garganta al corazón y de un pique daba vuelta entera al estómago de Violeta. 

ataque retro

esa boca que se esmera en ilusionarme
-"mentira lo que dice"-
esa boca que no sabe lo que quiere
-"mentira lo que hace"-
pero sabe muy bien donde encontrar la mia

el margen

se siente ideal, lejano, surrealista, el contrapicado, lo gigante, se siente ajeno. en paralelo, el primer plano, desde lo bajo, se siente espuma, calidez oscura, burbuja, paciencia, tercera, espacio, lo contrario a refugio, lo contrario a caricia, áspero.

abril

Me aturde un poco tu silencio constante, tu silencio presente que te nombra y vuelves. Tu silencio apagado y fuerte, tu silencio alcahuete me aturde siempre.
Se cuela por las rejas abiertas de mi mente, tu silencio pausado, y se duerme la siesta en mi dolor caliente.

Hablemos sin saber. Hoy: Imaginarios en torno a las personas que habitan Plaza Flores


INTRODUCCIÓN

En el siguiente trabajo abordaremos los imaginarios y las construcciones de sentido común de comerciantes de Flores en relación a la seguridad y el pasado en torno a la plaza Pueyrredón. El trabajo se desarrolla en el marco de una serie de cerramientos a otras plazas de la zona.
Como puntapié al desarrollo de las entrevistas y a su posterior estudio nos hemos planteado una serie de preguntas que, lejos de cerrar la discusión, buscan abrir el análisis acerca de la construcción del sentido común.
“¿Cómo se piensa la plaza ahora en relación al pasado? y ¿se hace referencia a diferencias entre épocas anteriores y la actualidad en cuanto a la ‘inseguridad’?” Son preguntas que marcaron implícitamente el relato a lo largo de las entrevistas. También tratamos de abordar la temática de la seguridad, en relación a experiencias personales o de allegados, y la incidencia de la agenda mediática en los discursos de los entrevistados. Por último tratamos de vislumbrar el rol que, según los entrevistados le cabe a la policía.

momento

tengo esa manía curiosa de ir y venir por el mismo camino, o por distintos; perdida, con la mirada fija y perdida; perdida en la nebulosa de frases, conversaciones y palabras que merodean mi mente sin parar, a mil por hora, tanto que aunque quiera no puedo escribirlo. Me asalta una verborragia insoportable que me traba la lengua, que suspira en mi cabeza una idea tras otra, una idea estúpida tras otra más tonta pero muchas, juntas, pesadas, indescifrables.
me paralizo pero sigo, en otro lugar, en lo profundo de mi, sigo; no paro, no puedo parar de pensar.

confabulación

no lo entiendo y me saca;
creo que lo presiente
y le gusta,
se divierte.
por eso no le contesto,
sería sino indagar.
sabe que soy curiosa
que la intriga me ahoga
y el, él sobrevive a base de eso,
de preguntas sin respuestas
Me enseñaste a bailar a tu paso y, cuando aprendí, cambiaste de ritmo.

dosmilsiete, abril veinticuatro

qué onda yo
qué onda él
qué onda nos
onda que
onda sí
onda no
no va la onda
no voy yo
no va él
no vamos nos
nos vamos nos
me voy yo
se fue él
y no volvió
y lo esperé
y no volvió
y me cansé
apareció
y me dejó
y lo dejé
y nos dejamos

de la nada, nada

y veo como se desploman con un golpe seco, los corazones rotos en el suelo.

lembranças

ese espacio, antes de bajar las escaleras, al lado del balcon, desde donde se ve la ventanita del pequeño altillo que solia ser mi cuarto en epocas en las que viviamos los siete en casa.ese espacio, me gusta, siempre me llamo la atencion.siempre quise de alguna manera, hacer del pasillo mi espacio. hasta incluso llegue a tirarme el colchon, esos dias de calor infernal en los que mi cuarto era por momentos impenetrable.
me gusta el olor a pasto recien cortado,
me gusta el olor de la lata de eucaliptus de la quinta, a la mañana siguiente de haberla dejado toda la noche sobre la estufa
me gusta el olor del chocolate,me encanta, pero del chocolate amargo, el de los submarinos

from mornin till nite

desregulacion
deslegitimacion
desafiliacion
desmantelacion
descomposicion
despilfarro de ciones
destinados a cajones
archivados en mi mis mientes,
estrujados por razones
nebulosas y dementes

la mentira tiene patas cortas...

...sabor amargo y olor a tristeza.Se viste de desilusión y en el pelo lleva un sombrero de bronca.
y yo aca, haciéndome la boluda; como si de eso se tratara la felicidad

La ciudad como espacio de ausencia y desencuentros

Alerta de bizarro: cualquier ilusión de encontrar otro que sea un nosotros es ya, a esta altura, peligrosa.

El tumulto irrespirable de la calle florida a las trece de un viernes es tan desgastante como mudarse al octavo sin ascensor. Entre el puesto de florería y la boca del subte hay diez pasos de tres minutos cada uno. Hay tanta gente y una tan sola.
Carlos Pellegrini: paf, hombro derecho, paf intento de manotearte la cartera, paf paf paf paf. De repente tomás conciencia -sin querer queriendo- de que te quedaste estancada en la odisea de encontrar una combinación. “Disculpe no me...”paf “Disculpe no me dice” paf “…no me dice” paf. Mirar, mirar esas sombras negras y rojas que se mueven a velocidad de la luz y tratar, sólo tratar, de parar es –además de imposible- angustiante.



Los hechos
No es noticia ya, que la ciudad está llena de gente, gente que va y viene, que se encuentra, que está con otros, que charla, que baila, que disfruta, pero sola. ¿No es una paradoja disfrutar solo? Estar rodeada de desencuentros, de personas que hablan y no escuchan, que están con otros y están tan solas en su mundo, que es un mundillo adentro de otros, pero tan lejos, y tan solo ¿No es acaso frustrante? Lo es para mí, y más, cuando al desencuentro lo asocio y lo veo estrechamente ligado a la ausencia; como si fuera ésta la que en un punto no me permite encontrarme, en la ciudad, en alguien.

no le llegaba a las caderas cuando todavía me hacía el mejor arroz con leche y canela

-¿qué dice en el cartel yaya?
-prohibido tirar cuetes en el ascensor
me quedé pensanso unos segundos
-¿por qué la gente no se puede tirar pedos en el ascensor?


porque cuando te extraño sólo me hacen sonreir recuerdos como este
y ahora, te extraño tanto

in memoriam

la cama de los conejos se vació de conejos
pero yo sigo siendo una manzanita

gracias por tantas risas y sonrisas

Imperfecto del Subjuntivo

Acaso vos,que sos tan hombre como mujer soy yo,¿nunca te preguntás por lo que no fue? ¿Qué hubiese pasado si...? El tiempo es imperfecto, como nosotros; y el tiempo también es pasado, pero nosostros somos presente, presente quebrado.

El subjuntivo es el modo de la irrealidad, expresa deseo y posibilidad. El subjuntivo es un modo optimista y tiene esperanza: la posibilidad de la irrealidad y el deseo.

El pasado es inmutable, pero no tu corazón. Tu corazón es futuro y prometedor.

hilos

tengo antojo de hambuerguesa y deberia estar durmiendo hace una hora
también debería estar -mínimo- haciendo algo productivo, y sólo se me ocurre escribir, y ni siquiera un ensayo.

manias o mañas?

nuevo TOC: justificar todos los textos



pd."Presume de tus fans" sos patetico

Cerca de una casona, de las que quedan por el SOHO

Ese olor a fluido manchester que le hacía acordar al verano y a la galería. No sé, habrá gente que recuerde más sabores, o imágenes, pero en Juana los olores eran marca registrada. No sabía bien de dónde venía, pero tampoco quería que se vaya. Era un olor fuerte y cerrando los ojos podía escuchar las hojas arrastradas por el escobillón a mejor vida. Nunca había entendido por qué Rosa no las tiraba en una bolsa, simplemente se las regalaba al viento y Juana, adoraba que se formaran remolinos medianos de hojas y pasto recién cortado. Ese era otro olor de su infancia, el pasto recién cortado, a penas si se acordaba del ruido molesto a las ocho de la mañana del tractorcito podador, pero qué lindo, levantarse con ese olor a naturaleza viva. Y de más chica le fascinaba además que lloviera a la noche y que ya de madrugada la alfalfa, que reposaba detrás de su ventana, ficara cheirosa, como decía la Luisa.

el comienzo

te espero donde siempre, cuando se juntan mi amor y tus ganas, a la hora acordada dos inviernos atrás

Así comenzó Juana su carta de despedida, de un amor que comprendía, nunca iba a empezar. Por alguna razón lo seguía queriendo, porque quiérase o no sólo él la inspiraba.

No le contaba a nadie, pero de vez en cuando bajaba dos paradas antes y caminaba cinco cuadras de más. Encontrarlo o no jugaba de excusa, y para escribir todas son buenas.

saudade demais

Cuándo va a volver a ser el dia que tus manos acaricien mi pelo y me pidas que te ponga los ruleros, o me regales la crema de ordoñe y después Paco nos traiga de postre almendrado.

Cuándo vas a volver a darme un mate de leche y dejarme llenar el arroz de canela.

Me pesa en el alma, como arena de plomo, la culpa de no haberte dado todo.

mi bien

O dia enteiro eu só quero vadiar,
e a noite enteira só te amar.
Com o sol da manha acordar entre você.

Deitar sozinhos até esquecer o tempo,
até lembrar do vento,
até que a chuva sair e o sol acabar.

Meu amor, meu bem,
já não preciso mais,
se é demais que você me ama

en cama II

- Anoche soñé que soñaba un sueño, una pesadilla.
+ Es por lo del jueves ¿no?
- No sé.
+ ¿Vos pensaste en irte?
- ¿Para qué? Lo hecho, hecho está.
+ Por eso.
- No, no por hecho es sabido, es más, sólo él sabía.
+ Y ahora ya no sabe, ¿o si?
- No sé. Sabía antes, supongo que ahora también, pero no sé.
+ Él dijo que si
- ¿Y vos le crees?
+ Antes
- ¿Y ahora?
+ Ahora no sé, no me habló más desde el jueves.
- Entonces no sabe nadie, ni él sabe.
+ Pero él sabía desde el martes
- Yo no le conté
+ Tiene visiones por eso sabía
- ¿O le contaste vos?
+ Puede ser, pero igual no puede hacerte nada ahora
- ¿Y antes? Antes pudo. ¿Y si me hizo algo antes?
+ Nos hizo a los dos. Y estamos acá, así que no nos hizo nada.


- No me la tires.
+ No te la tiré yo, soy alérgico a las plumas.
- Damela.
+ No la tengo yo, la tiraste vos seguro.
- Mira que prendo la luz.
+ ¡No la tengo!
- Ya la tengo…¡PARA! Vos sabés. ¡Hijo de puta! vos sabés. Por qué no me di cuenta antes, vos sabés.
+ Pero me olvido. Por favor, te juro que me olvido, ahora me olvido. Las plumas no, soy alérgico. Me olvido, me olvido.
- Yo me olvido, de vos y de él. Saco la basura y me olvido.

un perfectible

Y ahora hay graffitis donde estaba tu reflejo, y el banco mojado en lugar de tus besos. Escribió desordenada en su desprolija mente al son de un ya no te espero, tampoco te sueño. Caminó por Serrano hasta que se hizo Borges, entonces siguió por Thames y se largó a llover.

Hacía ya dos años desde la última vez que por casualidad lo había cruzado en plaza San Martín camino a Retiro. Nunca había entendido qué los había apasionado, todo tan intenso, todo tan rápido. El fue su “primer amor de cama”. Ella un número más en la lista de él, uno importante, siempre le hacía saber. No sabía tampoco qué la había llevado a enojarse tanto y decirle de frente y tan falta de tacto no sos más que un pedante, incapaz de querer a nadie. Y él, siguiendo el guión de García Marquez osó retrucarla de manera imbécil uno viene al mundo con sus polvos contados, y los que no se usan por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa se pierden para siempre. Ella no atinó a darle vuelta la cara de una cachetada porque él fue más rápido, la apretó contra su cuerpo y la besó. Se fue impune y desde ese día no hablaron más.

Juana no entendía qué lo hacía irresistible y cómo podía odiarlo y quererlo tanto, todo al mismo tiempo. No había salido prevenida, a la vida, y si la agarraba alguna lluvia, feliz se empapaba. Pero hacía rato que las tormentas no paraban. En Guatemala volvió a Borges y entró a El Preferido. Nunca habían ido juntos pero ambos lo frecuentaban. Se decidió por el almacén y pidió una milanesa con fritas. Para una niña bonita y un poco triste antes le marcho una tortilla, le dijo cordialmente José, como acostumbraba, y le abrió una Sprite.

La lluvia ya había parado así que caminó hasta la estación, sacó boleto y se sentó a esperar su tren. Había mucha gente y aún se sentía sola. Distinguió los zapatos, y más que eso la forma de caminarlos. Hoy volví a la plaza donde una vez nos encontramos. Ya no había árbol de palta, ni ese olor a faso lejano. ¿Fumás? le preguntó.

Y así eran ellos, como las luces que juegan en los rieles, que en las sombras se mueren y en el sol renacen, que en el espanto de perderse se encuentran y enfrentan adversidades, como las sombras, como los trenes.